DEL PORNO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES

PORNOGRAFÍA. Ayer acabó en la galería Helga de Alvear de Madrid la exposición “Los penetrados” de Santiago Sierra. En un vídeo de 45 minutos, el artista expone las diversas permutaciones entre hombres y mujeres, blancos y negros, penetrándose entre sí. Blanco-blanca, blanco-negra, blanco-blanco, blanco-negro, negro-negra, negro-blanca, negro-negro, negro-blanco. En el proceso de reclutamiento, Sierra ofrecía 250 € por participar en el proyecto y confirmaba que no se trataba de pornografía. Entrevistado posteriormente, admitiría que filmar sexo sin argumento está bastante cerca de lo que llamamos porno.

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ARTE. ¿En qué consiste la pornografía? Según nuestra biblia virtual, Wikipedia, se trata de toda aquella reproducción del acto sexual que tenga por objetivo estimular nuestra excitación. Dependerá por tanto de la reacción que despierte en cada uno de nosotros. Y es que la pornografía, como la belleza, está en los ojos de quien mira. Bob Guccione, hijo del fundador de Penthouse, declaraba en el youtube del intelectualismo, Big Think, que la pornografía ha perdido su capacidad de excitar. Tanta reiteración de mete-sacas, tetas perfectas, penes imbatibles, muecas contrahechas, nos deja con una sensación de deja-vu que es la antítesis de la emoción. Según Guccione, ya no hay peligro en la pornografía. Sólo el acercamiento al arte podrá devolver la esperanza al entertaining sexual, como ocurría en los siglos XVI o XVII, cuando ambos estaban naturalmente ligados.

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GRAN CONSUMO. Si en siglos pasados, la pornografía estaba ligada al arte, hoy pertenece al mundo del gran consumo. Como un producto más en las estanterías del supermercado o una descarga más en nuestro ordenador. ¿Puede un producto de masas despertar nuestra excitación? ¿Acaso no lo hace un pack de cereales que compramos con la esperanza de ser la mujer activa y disciplinada que lucha por encajar en una idea de perfección? La pornografía se ha vendido al mundo de lo seguro y proporciona la dosis precisa de técnicas, razas, tamaños, fetiches para maximizar la rentabilidad.

DESTRUCCIÓN. En la obra de Sierra, se pone de manifiesto una vez más que el sexo y la provocación son el cóctel favorito del arte. El instinto creador tiene por definición un reverso destructivo que implica negar todo lo que no sea la obra creada. Al generar esa nueva realidad en forma de lienzo o de escultura, el artista dice que la realidad antes no estaba completa. Que no era perfecta. Para apretar el gatillo de la creación, qué mejor que disparar con el material de nuestros sueños y anhelos: el sexo.

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EVASIÓN. ¿Qué buscamos cuando observamos una obra de arte? Transportarnos por un segundo a otra dimensión. Dejarnos arrebatar por una realidad que sólo existe en el lienzo, entera, absoluta, negando la vida alrededor. Según Andrés Barba y Javier Montes, en el fantástico libro “La ceremonia del porno”, la pornografía es un ejercicio de evasión que a través de la cosificación de las personas –dejan de serlo para fragmentarse en pollas, tetas, fluidos, agujeros – nos libera de la realidad. Algo parecido a lo que hace el arte. ¿En qué se diferencia pues el vídeo de Santiago Sierra de “Sueca bisexual busca semental”? Probablemente en la altura intelectual de los comentarios que hagamos al verlo. Por lo demás, el brillo de nuestra mirada tendrá un resplandor muy parecido.

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