UN GRAN LAZO ROSA (2ª PARTE Y FINAL)

(Viene de aquí.)

Pero volvamos a Borja. En un curioso camino a la inversa, el hijo de Tita posa en sus primeras fotos à la Fannie y Alexander: camisita de bordados, lazos –otra vez- y obediente raya al lado. Esta estampa, digna de un heredero de rancio abolengo, va mutando a lo largo de los años y tras pasar por una siempre difícil adolescencia, desemboca en el look clásico de portero de discoteca: músculo hiper-desarrollado versus pelo al uno.

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En una portada del Hola de 2007, Borja sujeta el cuello de una botella de champán como quien sostiene un cetro. Adorando ese gesto fálico, una extraña Blanca, ya embarazada, se tiende sobre la mesa y toca el pecho de su amado, emulando la escena de la creación de Adán de Miguel Ángel. Ese ademán de Blanca tiene algo de divino, en su levitar sutil, pero indica al mismo tiempo una voluntad férrea: la mano de largas uñas rojas  toca el pectoral de Borja como quien pisa la luna por vez primera.

Quizás haya un destino mitológico que lleva a todos los hijos a invertir el camino que sus padres labraron y así como Tita se convirtió en aristócrata, Borja ha decidido convertirse en chulo ibicenco. Mientras el forzudo Borja construye su madurez a base de Harley Davidson y silicona, la baronesa se pregunta qué hizo mal y manifiesta su ansiedad pidiendo pruebas de ADN. Padres e hijos estamos abocados a cruzarnos en el camino de la propia identidad. Nos construimos unos sobre otros, unos contra otros. Difícil trayectoria en la que sólo la tolerancia tiene la llave de la reconciliación. Por lo menos el nieto de Tita nace ya con apodo en lugar de nombre: Sasha.

Pero más allá de esta compleja saga familiar, está la colección, auténtico hijo predilecto de nuestra protagonista. Dando gracias a la vida que le ha dado tanto, crea un museo único en el que comparte, por un módico precio, toneladas de arte. Tita tiene una misión, que colma al fin su apetito insaciable. Bella manera de sublimar el exceso de energía y agradecidos que estamos. Para asegurar el futuro de este legado, la baronesa está criando ahora a dos herederas que recojan el guante de la historia y se hagan cargo del tesoro artístico de los Thyssen. A grandes males (un hijo perdido), grandes remedios (dos hijas encontradas). Y es que impulsada por causas mayores, es capaz de encadenarse a un árbol si es necesario o teñirse ella misma las mechas para evitar los ataques de vudú. La vida puede llegar a ser muy sencilla si sabemos definir qué es lo realmente importante.

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En la portada del Vanity Fair de febrero, Carmen Cervera luce joyas de peso y marido rico que, como buena celebridad, se parapeta tras unas gafas de sol. Son ricos y famosos. Coronando su hombro derecho, un enorme lazo rosa se desparrama sobre su escote. En ese emblema de felicidad se resume la ambición de Tita.

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