UN GRAN LAZO ROSA (1ª PARTE)

Tita Cervera tiene predilección por los lazos. Lazos primorosos, grandes, derroches de coquetería y señal inequívoca de amor por los finales felices. Tras esos lazos que han apretado su cintura en modelos de alta costura, o que han erguido el cuello aun esbelto de Borja Thyssen niño, se esconde toda una declaración de principios. La creencia de que el mundo puede ser un lugar feliz, donde el cuento de hadas de la joven humilde que acaba convertida en princesa se cumple.

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En primer lugar: el nombre. Tita, abreviatura inventada y caprichosa de Carmen. Con esta denominación aparentemente inocua, la futura baronesa adopta uno de los códigos clásicos de nuestra aristocracia cañí, consistente en tener un apodo. Todos los pijos de este mundo tienen motes breves y ñoños, heredados de una infancia feliz en la que les inculcaron la ilusión de ser los reyes de la casa y la manía por hablar elásticamente como si la vida fuera un largo chicle de fresa. Al llamarse Tita, Carmen Cervera se describe a sí misma como una mujer para quien el destino será más fácil que para los demás.

Un día de 1961, es elegida Miss Cataluña y posa, en postura llana y sin artificio, frente a los fotógrafos. Tocada por un cardado  arquitectónico y una corona de cartón piedra, Carmen está en el umbral entre dos mundos. Aún no ha dejado de ser la guapa del pueblo, pero intuye que ya es algo más. Poco después, convertida en Miss España, escala otro peldaño en el sueño de la mujer inquieta, voraz, a quien una península todavía entre tinieblas se le queda corta.

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Al casarse con Lex Barker, Tita elige la belleza. Primer atributo de un cuento de hadas, el príncipe será hermoso o no será. Instalada en Los Ángeles, la imagino explorando los clubs de tenis de la ciudad, las tiendas de alta costura, las fiestas hollywoodienses, descubriendo de cuántos colores puede ser el arco-iris. Lex Barker, atlético galán especializado en películas de género (aventuras, misterio, terror) ofrecería a Tita la receta arquetípica del glamour como atajo al paraíso.

Al casarse con Espartaco Santoni, después de que Barker muriera de un ataque al corazón y ya en horas bajas de su matrimonio, Tita elige la noche. De la mano del vividor venezolano, se suelta la melena y vibra al ritmo de la transición. Un destape no premeditado amanece un día en la portada del Interview y nuestra dama se convierte en icono sexual. A la pregunta hecha en la revista Vanity Fair de este mes sobre si se arrepiente de lo vivido en aquella época, responde: “No. Al contrario, creo que son experiencias fantásticas del ser humano”. Tita se trasciende y a través de su cuerpo serrano, encarna la epopeya de una mujer que quiere y sabe exprimir la vida. No es su experiencia la que cuenta, es la experiencia del ser humano, que ocurre en ella.

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Al casarse con el barón Thyssen, con un hijo de seis años a su lado y un pasado de locura a su espalda, Tita elige la posteridad. A la posteridad se llega por el arte, la política o el dinero y el barón tiene un poco de cada cosa, además de una complicidad más que envidiable con su esposa. Después de un catálogo de romances por ambas partes, Heini y Tita encuentran la estabilidad, que es una bonita forma de describir cómo dos personas deciden compartir su aburrimiento.

(Continuará…)

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