CÓMO SER UN MANIQUÍ

Una horda de maniquíes está invadiendo Nueva York. Con el fin de promocionar el lanzamiento de su nuevo retoño, Sony Vaio ha dispersado una flota de modelos reconvertidas a maniquíes (¿no era lo mismo?). La gente, extrañada, entusiasmada, se agolpa alrededor de estas mujeres con fisuras maquilladas en las articulaciones, desenfundando sus móviles con ansiedad por almacenar ese momento.

La campaña recibe el nombre “Golightly”, evocando el levísimo portátil y en probable homenaje a la silueta y espíritu estilizadísimos de la Holly Golightly encarnada por Audrey Hepburn.

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Esta simpática acción no convencional me hace pensar en qué hace falta para ser un maniquí. Yo diría que:

1. Tener una simetría capilar a prueba de bomba, cabellos múltiples y relucientes que generen sensación de abundancia;

2. Adoptar posturas rígidas que respiren cierto aire robótico, mezcla de torpeza y superioridad anatómica (el cuerpo servía para llevar vestidos, no para moverse, tonto);

3. Poseer una piel impoluta y sin matices, ajena a las variaciones de la temperatura o de la luz;

4. Mirar al infinito como si el fin del mundo estuviera cerca y tú supieras que tu plástico sobrevivirá a la carne roñosa de los humanos;

5. Como no podía ser de otra manera, labios rojos reflectantes.

Ahora que tienes la receta para la inmortalidad, ya puedes ponerte detrás de un escaparate y gozar siendo un objeto.

Más derroche de perfección a golpe de click. Lo descubrí aquí.

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