FELICITACIÓN PARA EL AÑO NUEVO

TRADICIÓN. Empiezo el 2009 siguiendo la tradición televisiva del concierto de Año Nuevo desde Viena. La visión de esos niños bailarines disfrazados de ángeles guerreros me inunda de un extraño sentimiento de paz. Sus corazas doradas marcan un pectoral ficticio y coronadas por alitas risueñas, evocan un decadentismo gozoso muy propio de un día de resaca. Cientos de ricos se agolpan en el teatro. Casi puedo oler desde mi sofá el aroma anti-polillas de sus trajes.

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PROPÓSITO. Obama declara que en 2009 dejará de fumar. Sorprende que el hombre que salvará al imperio de sí mismo y por ende a nosotros tenga todavía un vicio, aunque sea confesable. Los vicios nos humanizan y fomentan la solidaridad. Que Obama fume le convierte todavía más en un héroe de nuestro tiempo, digno heredero de la estirpe de esos Watchmen que mientras salvan el mundo, se hunden en diatribas existenciales. Ese halo shakespeariano de hombre enfrentado a sus demonios refleja el advenimiento de una nueva época en el que el enemigo es interior y toma la forma de la recesión y la corruptela. El sistema se pudre por dentro mientras los hijos del exotismo, India y China, despliegan cual Shiva de todo-a-1-€ su terrorífico abrazo al capitalismo.

 

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DESPROPÓSITO. Mientras, en la cuna de Occidente, el Vaticano rompe con la ley italiana en un nuevo arranque de exhibicionismo mediático y deja sin efecto parte del Tratado de Letrán. Anticipando las corrientes subversivas que amenazan con ahogar la ley italiana (después de legalizarse el divorcio, ¡hay que esperar cualquier cosa!) y en un ataque de creatividad sin precedentes, el Vaticano ha decidido crear un ordenamiento jurídico propio inspirado en el derecho canónico. Comprendo la inquietud de Benedicto XVI y es que qué se puede esperar de un país que emite “BRokeback Mountain” en la TV pública en prime time. Censurada, pero emitida al fin y al cabo. Exponer, cuando aún puede haber niños despiertos, las andanzas de 2 vaqueros desviados refleja la enfermedad inminente de la modernidad. Y ya se sabe, la televisión es el espejo del alma. Siguiendo la filosofía de Ricky Martin, BXVI aplica aquello del “un pasito pa’lante María – un pasito pa’tras” y dando pasitos pa’tras se acerca cada día un poco más al edén medieval en el que la Iglesia tenía el monopolio del entretenimiento.

 

ARTE. Pero no sólo de héroes y villanos vive el hombre, que aunque a todos nos gusta identificarnos con unas máscaras más que con otras, en el matiz está el gusto. Mientras los angelitos vieneses bailan al son del Año Nuevo, Daniel Barenboim, ese rey de los matices, de los grises, de la adaptación, aprovecha para desearnos feliz año, paz en el mundo y justicia en Oriente Próximo. Al trabajo de este hombre, más allá de estas felicitaciones de oropel, sí que lo llamo yo predicar con el ejemplo. O de cómo el arte finalmente sí servía para algo.

 

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DESEO. Daría dinero por haber visto la emisión del “Brokeback Mountain” censurado. Esas imágenes de silencio, inmensidad y amor, privadas del núcleo de su argumento, debieron ser de lo más surrealistas. “Je ne vois pas le cowboy caché dans la forêt”. El absurdo sin duda es algo muy divertido siempre que no te lo impongan, aunque absurdo impuesto, desgraciadamente, hay por un tubo, no hay más que abrir los periódicos. Desde aquí os deseo un año pleno, sin censura ni auto-censura y que bailéis muchos valses.

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