CUADROS ESCOCESES, ROJOS SATINADOS.

COSMÉTICA. Cuentan la leyenda y las estadísticas empresariales que en época de crisis, crece la compra de barras de labios. Esa concesión al lujo efímero sacia los instintos de superficialidad, tan necesaria en esos momentos  recesivos en los que la gravedad subraya cada palabra con un aura de fatalismo. En ese golpe seco del pintalabios cerrándose, hay un desplante al mundo alrededor, una declaración de intenciones. Las civilizaciones a lo largo de la historia han pintado sus cuerpos en señal de veneración, miedo, protesta, lucha. Occidente no iba a ser menos.

POESÍA. Antes de que Islandia se sumiera en la bancarrota, su presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, atribuyó, en una épica declaración,  la potencia económica del país a la herencia de sus ancestros vikingos. Esa exuberancia conquistadora que siglos atrás les hacía atravesar mares gélidos en endebles barquitas habría recorrido cadenas genéticas hasta llegar a los actuales ejecutivos financieros, ávidos de generar beneficios. Gracias a ese afán de plantar cara a la adversidad, los islandeses se habrían enfrentado a la falta de recursos con el recurso más intangible: la especulación. Ahora la magia mitológica del presidente islandés se diluye en la desesperación colectiva. La poesía nunca sació los estómagos.

CUADROS. Los escaparates de nuestra crisis reciben el invierno volviendo al clásico cuadro escocés. Abrigos de reformatorio británico, leotardos grises, bufandas largas como un día de lluvia. Nos envuelve una sinfonía en tonos sepia que nos recuerda que la contención es ley. El rigor inglés evoca el uniforme de nuestras infancias y nos sentimos arropados por la estabilidad. Gracias a Zara y a Mango, todo parece encajar. Sabemos qué hay que ponerse. Sabemos –ay – quiénes somos.

CÓDIGO. Cuenta la leyenda que la palabra “crisis” en japonés es la combinación de dos significados: peligro y oportunidad. En esa lírica del equilibrio y los extremos tan oriental, encontramos alivio a nuestra sensación de pesadumbre. El código está claro. Cuadros escoceses. Rojos satinados. Dosifiquemos nuestra ansiedad en pública redención.

ROJO. En el anuncio del pintalabios “Le Rouge” de Chanel , una mujer rubia nos mira incitadora desde una cama de sábanas blanquísimas. En esa caída de párpados y esos labios entreabiertos, late el pulso de nuestro deseo, el que nos hará, cuando Zara vuelva a instaurar el color, sucumbir a la embriagadora descarga de la codicia.

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