SU MAJESTAD LA NADA

Las musas de Ralph Lauren no son de este mundo. Comparadas con el derroche exhibicionista de Dolce & Gabbana, son escuetas, simbólicas, imberbes. No admiten color ni peluca: semejantes estridencias podrían acercarlas al arrabal de la vulgaridad.

Desde tiempos inmemoriales, la aristocracia ha rechazado cualquier signo de vil mortalidad en su apariencia: exangües, delicados, ajenos a los instintos biológicos.

Las musas de Ralph Lauren heredan este legado de santidad, donde reinan el beige y el azul marino. Con estas prendas, las mujeres de la alta sociedad neoyorquina se sentirán seguras y discretas, a salvo de este mundo sucio, ruidoso y terrorífico.

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