UNA HISTORIA PECTORAL: AÑOS 70. BLONDIE Y LA GALAXIA

Y las tetas caen. Con los 70 se impone la ley de la gravedad. Pasamos del pecho a lo garçon tras el cual las mujeres escondían su inseguridad en los 60, a unas tetas telúricas que, como la manzana de Newton, son atraídas suavemente hacia la tierra.

Donna Summer será nuestra anfitriona en este recorrido por la noche de los 70. Y es que como preconizó en su disco “Lady of the night”, la década sería nocturna. En la portada de “Love to  love you baby”, adivinamos el pezón de Donna Summer bajo un tenue drapeado. Este pecho sin sostén, que no se resiste a caer, será el sello de toda una corriente de pensamiento. Se disuelve la rigidez del pasado (los triángulos de los 50, las rectas de los 60) y aparece la molicie. Nos estamos conociendo, nos estamos relajando… La diva del disco habla del amor, mientras se escuchan jadeos de fondo.

No es casualidad que uno de nuestros iconos sea una mujer negra. La etnicidad se despliega en todo su esplendor y por primera vez, el torneo impoluto de Wimbeldon cede su copa a un jugador negro, Arthur Ashe, que dedicaría parte de su vida a luchar contra el Appartheid. Para los herederos de Mayo del 68, los límites ya no son barreras. Las reivindicaciones sociales son actos físicos de protesta y no pintadas poéticas.  El primer desfile del Orgullo Gay echa a andar en Nueva York en 1970, con el regusto aun fresco de los disturbios de Stonewall, iniciados, según cuenta la leyenda, el día en que Judy Garland moría de sobredosis.

Pero si nada es imposible, ¿todo está permitido? De repente, plantarle cara a EEUU es una opción y el precio del petróleo se cuadriplica por cortesía de la OPEP. Todo está interconectado. Los actos tienen consecuencias. Que fluyan las mercancías, la energía, los fluidos.

Pero bailemos. Pechos grandes o pequeños, blancos, negros, todos caben en esta discoteca. La música de baile democratiza los cuerpos. Steve Rubell crea una nueva aristocracia basada en la personalidad. A las puertas del Studio 54, nombra a dedo a los afortunados que esa noche penetrarán la fortaleza. Una de las reinas de esta estirpe es sin duda Bianca Jagger. De ella nos quedamos con una foto. Recién casada, nos desvela un pezón, ajeno a la muchedumbre, asomándose con absoluta naturalidad como si siempre hubiera estado allí. Y es que siempre lo estuvo pero ya no se esconde. Bianca y Mick son jóvenes y terriblemente famosos. A bordo de sus cuerpos deseables, surcarán el inconsciente colectivo sembrando de hormonas nuestros sueños.

Mientras la mujer se redescubre, algunos hombres experimentan una curiosa envidia del pecho. Ziggy Stardust aterriza en la tierra para avisarnos del fin del mundo y salvarnos a través de la bisexualidad. El hombre siempre ha sido pionero -privilegios biológicos mediante, las mujeres evolucionaban en un aparente segundo plano- y será el primero en querer robar el sexo ajeno. Después de décadas de masculinidad grasienta, de garaje y cerveza, ellos también quieren abandonarse a la teatralidad del maquillaje. Qué dulce libertad después de siglos de hombría. Así, vemos a un Bowie orgulloso tras su nuevo alter-ego, arqueando su cuerpo como sin en él luciera dos hermosas tetas.

La galaxia del Glam será el símbolo de unas aspiraciones extremas. En las noticias, el Apolo XVII extrae muestras del suelo lunar. Ted Hoff desarrolla el microchip y 11 chicos melenudos fundarán Microsoft. Mientras, Carrie Fisher, encumbrada al podio del sex-appeal intergaláctico, luce 2 senos pequeños y redondeados en su mítico bikini de Star Wars, para alegría de miles de adolescentes.

Fuera de esta fiesta, se hunde el mundo pero no nos importa porque lo estamos pasando bien. A la luz del neón, la mujer ha descubierto que su cuerpo le pertenece. El pecho en este contexto será libre o no será. Lo vemos flotar a su libre albedrío bajo la melena rubia de Farra Fawcett, tras los escotes con volantes de Oliva Newton-John. O incluso en el torso desnudo de Ziggy Stardust.

Cerramos este capítulo con una imagen de la rugiente Blondie, cuyas encías feroces siempre nos fascinaron en el video de “Heart of Glass”. Blondie nos invita a un Nueva York sideral y nos abre las puertas de una noche en la que todo son brillos reflectantes. Desde este cruce de espejos y espejismos, nos despedimos.

Hasta el próximo capítulo de UNA HISTORIA PECTORAL.

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