OPERACIÓN BELLEZA VERDADERA

COMPASIÓN. El cirujano de Michael Jackson ingresa voluntariamente en un centro psiquiátrico. La noticia nos conmueve. Cómo culparle. El periodista rompe nuestra ensoñación aduciendo que el ingreso no es más que una excusa para eludir la acusación de estafa volcada por sus socios. Mal pensado…

BORDES. El cirujano Steven Hoefflin ya rozó los bordes de la legalidad cuando hace 8 años cuatro enfermeras lo denunciaron por vejaciones y acoso. Tanta simpatía por el escándalo no puede ser casual. Intuimos una pulsión exacerbada hacia lo prohibido, hacia los límites de lo correcto. Piénsalo: alguien capaz de abrirte con un bisturí, ¿por qué tendría que respetar alguna norma?

VENDAS. Ver la cara de Michael Jackson emerger bajo el vendaje debe de ser una experiencia reveladora. Convertir un muchacho negro en una señora blanca de mediana edad -como una vez leí- no puede dejar indemne a nadie. El poder de la creación se vuelve tangible, apetitoso, revolucionario. Como una madrastra de Cenicienta que se observa en el rostro de su paciente renacido. Espejito, espejito, ¿quién es el más bello?

MATEMÁTICAS. En la página web de Steven Hoefflin encontramos un tratado sobre la belleza perfecta. “The beautiful face. The first mathematical definition, classification and creation of true facial beauty”. Nos recorre un escalofrío ante semejante derroche de ciencia. Este hombre cogerá una escuadra y dictará sentencia. Si la belleza se puede medir, es que se puede pagar. ¡Eureka! Dejaos de estribillos de autoayuda, nos dice Steve, la belleza nunca fue interior.

PELUCHE. Por alguna extraña razón, el cirujano de las estrellas me recuerda a un koala. Su pelo suave y bicolor, frondoso, su actitud pacífica, tienen algo de falso oso de peluche. Por algunos segundos, a mí también me dan ganas de aplastarlo entre mis brazos y abandonarme a su geometría de tercer reich. Y por un segundo también, entiendo a Michael Jackson. Si todas estas caras estaban bajo mi rostro, ¿cómo saber cuál es la última? ¿Cuál es la verdaderamente bella? Probablemente, yo, como Michael, no pararía hasta tocar hueso.

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