SER UNA ROCK’AND’ROLL STAR

El normalismo se ha impuesto en la televisión. Yo me pregunto: ¿dónde fueron los cuerpos Danone? Si ya no podemos aspirar a ser un guapo de anuncio ¿qué nos queda?

En el último anuncio de Trina, se exalta nuestras pequeñas vergüenzas, elevadas a aquello que nos hace diferentes, pero -¡menos mal!- iguales: “¡Y yo!”. Tatuajes de Iván Campos, fotos sexys en un fotomatón, congas iniciadas sin éxito: todos podemos enorgullecernos de aquello que nos hubiera avergonzado en los 80. Porque lo que está de moda es ser uno mismo y la realidad es que cualquier persona mirada bajo una lente de aumento se transforma inevitablemente en un ser extraño y peculiar. En un freak.

(Todos los inicios de siglo, por cierto, se encariñan con sus freaks. Es quizás una cuestión de desorientación, de incertidumbre ante lo que está por venir, lo que nos crea esa fascinación por lo imperfecto, que en el fondo nos resulta más cercano.)

En el último anuncio de Coca-Cola, nos invitan a sacar el chaval que llevamos dentro, cuyo credo es la Empanadilla de Móstoles. Esta resume, tanto por su valor sentimental de mantra repetido en mil fiestas adolescentes, como por su aura cañí, el espíritu de nuestra modernidad. Ya no creemos en la perfección. Ahora yo soy el protagonista y ninguna empresa que cotiza en bolsa puede decirme qué aspecto debo tener o qué bebo en mis ratos libres. Nos hemos convertido en ateos de la publicidad y por eso los anunciantes ya no aspiran a vendernos un modelo de conducta si no a devolvernos nuestro propio reflejo en la pantalla. “¡Soy yo!” -exclamamos sorprendidos – “¡Me compraré!”

Otro valor ligado al normalismo es la autenticidad. La presencia de Loquillo en el spot de Coca-Cola es un claro ejemplo. El mito de los 80, que ha permanecido inmutable, como un santo ante el que nos arrodillamos por su integridad, nos quita un peso de encima: si él está en este tinglado, es que nos podemos abandonar e identificarnos con lo que nos cuentan. Él no nos puede mentir. Me alegro de que esta rock-and-roll star venda algún disco más, compre alguna casa más, a nuestra costa. Yo hubiera contribuido en cualquier caso.

Y es que no hay marca que se precie que no nos pida que colguemos videos en alguna página web: Maxibon, Nike, de nuevo Coca-Cola… Vamos a pasar a la posteridad gracias al consumo de masas. Quién nos lo iba a decir. Andy Warhol estaría orgulloso.

Nestea ha dado una vuelta de tuerca divertida a esta tendencia con su “Proyecto de integración de la gente perfecta” y un producto que es “de lo poco perfecto que queda en este mundo imperfecto”. Los códigos feístas son los mismos que enarbolan muchos otros anuncios. Colores apagados, próximos al sepia, escenarios de aburridas oficinas, gente común. La meta-publicidad nos vende refrescos y, lo confesamos, nos hace reír.

Dentro de esta vorágine de normalidad, hacemos un paréntesis para recordar la primera vez que vimos la campaña de los Cuerpos Danone. Algo que hoy nos parecería casi fascista, nos maravillaba entonces. Bellos modelos rodeados de columnas dóricas, nadando en las aguas termales de un espacio reservado para élites. Hace casi 20 años teníamos ambiciones. Queríamos ser guapos, mejores. Hoy –parece ser- perdimos la esperanza y sólo queremos pagar la hipoteca.

Pero no acabemos esta crónica en tonos sepias y con pesadumbre. Y como decía Loquillo, cantemos en una playa paradisíaca aquello de:

Creo que a nadie le gusta el nacer para perder
Abrirás una revista y me encontrarás a mí
Debo ser algo payaso pero eso me hace feliz.

(…)

Uhu, uhu, uhu, nena, voy a ser
una “r’n’r star”
uhu, uhu, uhu, nena, voy a ser…

Pues eso: Joy to the (normal) people!

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