UNA HISTORIA PECTORAL: AÑOS 50. JANE MANSFIELD Y EL FORDISMO

Lo primero que llama la atención en los pechos de los años 50 es su forma cónica, de geometría rotunda y desafiante, horadando el espacio que hay entre tú y yo. El triángulo es la forma de moda como lo fueron las rayas en los 20 y los encontramos tanto en las gafas agudas de secretaria repelente y secretamente enamorada, como en los vestidos con silueta reloj de arena.

Dior creaba el New Look y daba un portazo al pasado, dejando atrás la austeridad de las World Wars para deleitarse en una orgía de tela girando alrededor de jugosos muslos femeninos. Las mujeres se dejaban llevar –al fin- por el placer de vivir y aspiraban a algo que no fuera subsistir, aspiraban a Hollywood.

En una foto de la época, Jane Mansfield se contonea vibrante ante la cámara enarbolando pecho y tupé. Sus tetas son acentos circunflejos sobre un cuerpo eléctrico que descarga energía en estado puro. Jane Mansfield desafía los límites de su cuerpo llevando al extremo codos, costillas y pezones. Esa postura de tensión y plenitud tiene algo de fordismo, de máquina bien engrasada produciendo hormonas a bajo coste. Hay un optimismo consumista en esa exhibición del cuerpo rebosante.

Las mujeres en los 50 redescubren el placer del cuerpo y su capacidad para la acción. A finales de la década, la mitad de las mujeres trabaja fuera de casa. Ataviadas con sus curvas como armas ancestrales, entran en el mundo laboral y empiezan a ganarse la independencia. Alfred Kinsey descubre que tienen vida sexual y tipifica los comportamientos como quien analiza un animal desconocido. María Goeppert-Mayer publica “Elemenary Theory of Nuclear Shell Structure” junto con Jensen labrando su camino hacia un premio Nobel. El mundo es ancho pero no ajeno y se compra en una fiesta Tupperware.

Así renace el escote. El pecho se convierte en el enemigo de la ropa, luchando por salir al exterior como algo que no nos pertenece.

En 1955 Betty Page fue coronada Miss Pin-up Girl of the World y posó para la recién nacida Playboy. Los años 50 conquistaron el cuerpo, ganando la batalla al pesimismo a base de piel. Las pin-ups se convierteron en símbolos de una época e hicieron de la mujer material para pósters publicitarios. Qué bonita forma de generar demanda. Pero en el fondo el invasor siempre acaba por ser preso de su víctima y la dictadura de nuestra propia imagen nos esperaba a la vuelta de la esquina…

Los pechos cónicos de los 50 han reaparecido en la historia más reciente, en modelos de Gaultier o en la mítica Afrodita A de Mazinger Zeta, para representar la potencia femenina. Una mujer amenazante y activa, que bajo el disfraz de la esposa o la amante perfecta –distintos escalones de una misma jerarquía– contiene un poder a punto de estallar, como esos pechos-proyectiles del robot que epató nuestra niñez.

Con esta imagen simbólica nos despedimos hasta el próximo capítulo de UNA HISTORIA PECTORAL.

Anuncios