DE NOCHE SOY OTRA MUJER

ALARMA SOCIAL. Hipercor sanciona a una empleada por llevar pendientes largos. “…pendientes colgantes compuestos de múltiples piezas, de color negro y de gran tamaño (aproximadamente de siete u ocho centímetros)” reza la carta dirigida a la mujer. Nos recorre un escalofrío: la imaginamos encerrada en el lavabo, construyendo un arma recortada a base de pequeños abalorios.

CONDENA. El hecho es considerado muy grave por parte de la empresa, que lo equipara a trabajar bajo los efectos de la droga o el alcohol. Ya se sabe de lo que una mujer es capaz bajo los efectos de la bisutería, que se lo digan a Alaska en los 80. Nos podríamos sentir alocadas y rompedoras, capaces de hacer una caída de ojos a nuestros clientes al otro lado de la barra. Cualquier cosa podría ocurrir.


DECLARACIÓN. De todos es sabido que la estética es una declaración de principios. No hay pendientes inocentes. Para pendientes definitivos, me quedo con las cafeteras de María Barranco en Mujeres Al Borde de un Ataque de nervios.

SANGRE. Antes de ser una mega-vixen, Alaska se rapó las entradas y cantó: “Todo lo hago por salir de la misma rutina, tan aburrida. No lo he entendido. De noche soy otra mujer, voy armada de cabeza a los pies, soy la funcionaria asesina. Ya no me aburro jamás.” Tengan cuidado, caballeros, nada hay más peligroso que una mujer aburrida. La provocación es la única forma de romper la monotonía.

LA NOVIA. La empleada asesina se quita sus pendientes. Son una bomba de relojería en potencia. Después de los pendientes, van las chapas identificativas, después de las chapas, los zapatos… Se suelta el pelo, mirándonos desafiante, blandiendo su bic cristal para tomar nuestro pedido como si empuñara una katana.

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