EL CIRCO DE LOS SOPRANO
Hoy, quiero hacer un humilde homenaje a “Los Soprano“, serie a la que he estado enganchada en los últimos meses, a borbotones, de manera adictiva y excesiva, como todo lo que ocurre entre las orondas paredes de la mansión de Tony Soprano. Durante los últimos capítulos, iniciando ya el proceso de duelo, empezaron a aparecérseme las sombras de esos personajes, cada vez más extremos, arquetípicos y teatrales -quizás porque con los años, todos nos volvemos extremos, arquetípicos y teatrales-, y poco a poco se fue dibujando en mi mente un sueño húmedo televisivo: El Circo de Los Soprano. Imagino esos rostros rocosos, empolvados en blanco, disparándoles rojo en las mejillas; imagino a las hembras Soprano, subiéndose las medias de rejilla con sus largas uñas pornográficas; imagino a ese público voraz que grita desde los sofás de su casa por un poco más, sólo un poco más, de entretenimiento.
En fin, puestos a soñar, que la sesión de fotos la firme Annie Leibovitz. Ahí va:
TONY SOPRANO, DOMADOR DE LEONES
Siempre con el látigo en mano, Tony Soprano doma a los leones en albornoz, sacando una tripa que es señal de estatus y de esfuerzo. Ruge más que sus víctimas y con no menos dolor.
SILVIO DANTE: PAYASO LISTO
El payaso estratégico, diplomático, influyente, arque su ceja, mientras imita a Al Pacino: Just when I thought I was out, they pulled me back in. Siempre cerca del poder, pero lo bastante lejos como para no caer en él.
PAULIE GALTIERI: PAYASO TONTO
El payaso torpe, sensible, fanfarrón, cada vez más viejo y más triste, araña la pantalla de la tele y la convierte en espejo deformante.
CHRISTOPHER MOLTISANTI: EL FANTÁSTICO HOMBRE BALA
Siempre dispuesto a estrellarse por una causa noble o innoble, Christopher pasa de heredero a príncipe caído, mientras muda de piel cambiando el chándal por el traje de chaqueta.
ADRIANA LA CERVA: FUNAMBULISTA
Novia eterna de Christopher, trata de mantener el equilibrio junto al Fantástico Hombre Bala. También una Fantástica Princesa Caída.
CARMELA SOPRANO: LA ENCANTADORA DE SERPIENTES
De pasiva-agresiva a agresiva-pasiva, Carmela acaba domando al domador, haciendo sonar su flauta de mujer sumisa.
DOCTORA MELFI: MAESTRA DE CEREMONIAS
Siempre desde la barrera, la Dra. Melfi nos irá narrando lo que ocurre al otro lado de la tripa de Tony, del cerebro de Tony, para darle sentido a una historia -como todas- de madres e hijos.
Hasta aquí, mi particular efeméride. ¿Alguien da más? Redoble de tambor…







Merecido homenaje para esta magnífica serie. En su día la vi pero saltándome algún capítulo y en tareas pendientes tengo revisitarla. Saludos!
Yo me vi toda una temporada en original y sin subtítulos (no por voluntad propia, que conste, si no por designios de megaupload y demás fuerzas malignas). También debería revisitarla, ahora que lo pienso… ¡No deje usted de hacerlo, que merece mucho la pena, Doctor!
Un razonable reconocimiento a una serie televisiva que, aparentemente, no sólo justifica el “crimen organizado” sino que también, promueve los impulsos sociopáticos como parte de los logros personales y sociales. Sin embargo, cualquier semejanza atribuida a una realidad en especial, resulta inexacta. Sobre todo, en una sociedad como la norteamericana, que vive permanentemente reprimida y sometida a un régimen policial autoritario; dónde cualquier infracción legal es castigada severamente. “Los Sopranos” responde a la fantasía popular inclinada al sometimiento legal manejado por las autoridades e instituciones que pretenden proyectar y transferir sus fechorías hacia grupos socialmente reprimidos o encajonados en clichés raciales, para desviar la atención acerca de un entendimiento real de la “doble moral” que se vive en “Norteamérica”. En otras palabras; el argumento de “Los Sopranos”, maneja contenidos que sólo encuentran justificación en la actividad político-económica que desempeñan sus más recalcitrantes y moralistas dirigentes republicanos o demócratas. Ya que, sólo ellos, son los únicos que logran desafiar los parámetros legales.
¡Gracias por comentar, Eduardo y bienvenido por estas páginas! Interesante punto de vista. Está claro que series como “Los Soprano” plantean ese dilema de por qué nos identificamos con perfiles, a los que estamos totalmente opuestos desde una perspectiva moral. La fascinación por la transgresión siempre ha estado ahí y de hecho, toda ficción tiene un objetivo evasivo y de realización de aquello que nos está vedado, que es muy terapéutico.
Que los auténticos mafiosos son otros, y que se encuentran en otras esferas mucho más temibles, es cierto, lamentablemente, y más a menudo de lo que nos gustaría. Ahí también es donde nosotros tenemos que ser tan exigentes con lo que nos rodea, como con lo que consumimos en TV, y no dejar pasar una. Tenemos derecho a evadirnos, pero también tenemos el deber de reclamar.