“ENCICLOPEDIA UNIVERSAL CLISMÓN”: COMPRE AHORA

Me regalan por mi cumpleaños una obra maestra. Por favor cómprenla cuanto antes, sin mirar atrás y tendiendo la visa con mano firme. Es imprescindible que la tengan en sus hogares:

“ENCICLOPEDIA UNIVERSAL CLISMÓN - BIENVENIDO AL MUNDO”, DE MIGUEL BRIEVA

Dejo algunas delicias de su autor, a modo de cebo…


UNA HISTORIA PECTORAL: AÑOS 50. JANE MANSFIELD Y EL FORDISMO

Lo primero que llama la atención en los pechos de los años 50 es su forma cónica, de geometría rotunda y desafiante, horadando el espacio que hay entre tú y yo. El triángulo es la forma de moda como lo fueron las rayas en los 20 y los encontramos tanto en las gafas agudas de secretaria repelente y secretamente enamorada, como en los vestidos con silueta reloj de arena.

Dior creaba el New Look y daba un portazo al pasado, dejando atrás la austeridad de las World Wars para deleitarse en una orgía de tela girando alrededor de jugosos muslos femeninos. Las mujeres se dejaban llevar –al fin- por el placer de vivir y aspiraban a algo que no fuera subsistir, aspiraban a Hollywood.

En una foto de la época, Jane Mansfield se contonea vibrante ante la cámara enarbolando pecho y tupé. Sus tetas son acentos circunflejos sobre un cuerpo eléctrico que descarga energía en estado puro. Jane Mansfield desafía los límites de su cuerpo llevando al extremo codos, costillas y pezones. Esa postura de tensión y plenitud tiene algo de fordismo, de máquina bien engrasada produciendo hormonas a bajo coste. Hay un optimismo consumista en esa exhibición del cuerpo rebosante.

Las mujeres en los 50 redescubren el placer del cuerpo y su capacidad para la acción. A finales de la década, la mitad de las mujeres trabaja fuera de casa. Ataviadas con sus curvas como armas ancestrales, entran en el mundo laboral y empiezan a ganarse la independencia. Alfred Kinsey descubre que tienen vida sexual y tipifica los comportamientos como quien analiza un animal desconocido. María Goeppert-Mayer publica “Elemenary Theory of Nuclear Shell Structure” junto con Jensen labrando su camino hacia un premio Nobel. El mundo es ancho pero no ajeno y se compra en una fiesta Tupperware.

Así renace el escote. El pecho se convierte en el enemigo de la ropa, luchando por salir al exterior como algo que no nos pertenece.

En 1955 Betty Page fue coronada Miss Pin-up Girl of the World y posó para la recién nacida Playboy. Los años 50 conquistaron el cuerpo, ganando la batalla al pesimismo a base de piel. Las pin-ups se convierteron en símbolos de una época e hicieron de la mujer material para pósters publicitarios. Qué bonita forma de generar demanda. Pero en el fondo el invasor siempre acaba por ser preso de su víctima y la dictadura de nuestra propia imagen nos esperaba a la vuelta de la esquina…

Los pechos cónicos de los 50 han reaparecido en la historia más reciente, en modelos de Gaultier o en la mítica Afrodita A de Mazinger Zeta, para representar la potencia femenina. Una mujer amenazante y activa, que bajo el disfraz de la esposa o la amante perfecta –distintos escalones de una misma jerarquía– contiene un poder a punto de estallar, como esos pechos-proyectiles del robot que epató nuestra niñez.

Con esta imagen simbólica nos despedimos hasta el próximo capítulo de UNA HISTORIA PECTORAL.

UNA HISTORIA PECTORAL: INTRODUCCIÓN

A lo largo de los siglos, el pecho de la mujer ha ido mutando dentro de escotes, corsés, sujetadores, camisetas, etc., elementos cuyo objetivo es presentárnoslo bajo una forma determinada. Si nos fijamos en fotografías de distintas épocas, las tetas se yerguen, se aplastan, se proyectan hacia fuera o se esconden según el canon del momento. Hay una mirada latente bajo estas prominencias y nos da pistas sobre lo que las rodea. La imagen de la mujer concentrada en un zoom.

En este serial, haremos un recorrido caótico y sin pretensiones por iconos pectorales a lo largo de la historia más reciente, con el fin de bucear en los deseos y tensiones que nos han ido acompañando, subterráneos, durante décadas.

MALDITOS ROEDORES

FASCINACIÓN. A bordo de un vuelo de American Airlines, encuentro una revista llamada Skymall. Aguarda agazapada a nuestros billeteros desvalidos. La hojeo a punto de aterrizar, sintiendo verdadera ansiedad por no poder leerla con el detenimiento que merece.

BLANCO. Es difícil, por no decir imposible, quedarse sólo con uno de los miles de ítems que vende, ya que todos poseen una extraña belleza. Imagino la angustia del norteamericano solitario, buscando repoblar su hogar a base de objetos ingeniosos. En las películas de arte y ensayo, el norteamericano solitario es un emblema de la vacuidad de nuestras sociedades consumistas y es un hombre blanco, que igual puede matar que amar apasionadamente. Había un torrente de emoción, ¡lo sabía!, oculto entre los pasillos del Wall-mart.

ULTRAVIOLETA. Es difícil quedarse con uno, pero si tuviera que elegir, probablemente compraría el UV Toothbrush Sanitizer. El aparato tiene por objetivo esterilizar nuestros cepillos de dientes con el fin de destruir los “millones de microorganismos” que se acumulan día a día, gracias a potentes rayos ultravioletas.

REVELACIÓN. Este objeto aparentemente inofensivo, en forma de OVNI de dibujos animados, pone en duda los cimientos de nuestras creencias cotidianas. 1/ En nuestro cepillo de dientes, símbolo de limpieza, buen aliento, besos higienizados y dientes listos para morder manzanas, hay suciedad. Más que eso, hay millones de microorganismos. 2/ De nuevo, esos malditos microbios, esos malditos roedores, que viene a demostrarnos que nuestro universo de cosas tangibles no es más que una aglomeración de partículas que nunca veremos y en las que nos disolveremos como polvo de detergente al morir.

RESTOS. Y es que podemos contagiarnos de nosotros mismos si no eliminamos nuestros restos de bacterias de nuestros propios objetos. ¿Cómo curaría semejante enfermedad el norteamericano solitario? Matando o amando ferozmente, pero eso le saldría muchísimo más caro que un UV Toothbrush Sanitizer a 39,99 dólares.

* El cuadro de la sonrisa es de Donald Neal y se llama “Dr. King”.

http://www.artistshowcase.org/artists/Donald%20Neal.html

EL DESTINO EN CHINATOWN

Descubro una perla impactante en un escaparate de Chinatown. Fijaos en esa expresión resignada ante el destino, en esa heroicidad solemne de cuello erguido y mirada firme: tiene, sin duda, una misión.

O en esa melena alocada, detenida en el tiempo a golpe de secador de discoteca -la noche es nuestra-.

Enfín, una delicia, aunque nos genere cierta inquietud pensar que estos maniquíes nos sobrevivirán con sus cuerpos plásticos y perfectos…

VIVA LA VIDA (DE LOS OTROS)

DESPERTARES. Ayer me desperté con ganas de ser otra persona. Acto seguido, o quizás antes y por eso, experimenté un deseo incontrolable de escuchar a Coldplay. Mi cuerpo demandaba algo épico y bonito para empezar el día. Cuando mi cuerpo pide, yo concedo: es el que me da de comer.

CERTIDUMBRES. En cada artículo de Coldplay siempre aparecen mencionados U2 y Radiohead –como veis, no me salto el canon–. No es un mal cóctel. El cuarteto inglés bebe de las fuentes de la vida y regurgita un brebaje capaz de convertirnos en indies atormentados a golpe de I-pod. A veces uno necesita que el día comience con la facilidad de una hoja recién salida de la impresora.

LIBERTADES. En un arrebato exquisito de metalenguaje, Coldplay utiliza el cuadro “La liberté guidant le peuple” para ilustrar su nuevo disco. La rotundidad de esta obra de Delacroix, su fuerte carga icónica, la han convertido en el símbolo de la revolución francesa de 1789. Sin embargo –surprise!- fue pintada en 1830, a raíz del levantamiento popular contra Carlos X de Francia. Qué delicada poesía la de esta portada mezclando un cuadro apócrifo con palabras extranjeras. La falsedad nos hará libres.

CURIOSIDADES. De Eugène Delacroix se dice que fue hijo ilegítimo del político Talleyrand, aunque oficialmente constara como hijo del también político Charles Delacroix. Se atribuye esta sospecha al parecido físico entre ambos. Imitación, paralelismo, vivo reflejo… Qué tranquilidad nos dan estas palabras: así ordenamos el mundo mejor.

DESPERTARES OTRA VEZ. Ayer me levanté con ganas de ser otra y mientras, Coldplay ya era número 1 en EEUU con “Viva la vida and death and all his friends”. Está bien que algo bien construido y bien inspirado triunfe en el mundo. Algo bonito y épico, si es que ambas palabras pueden darse juntas en la realidad. Hoy me he levantado con ganas de ser yo misma y la verdad: tampoco hoy he sabido qué ponerme.

BOLSOS, TACONES Y OTRAS PARTES DE LA ANATOMÍA

Gracias Marc Jacobs, gracias Juergen Teller. Habéis conseguido lo que miles de ciudadanos con derecho a voto pero profundos deseos insatisfechos, ansiaban. Habéis tirado a Victoria Beckham a la basura. En una bolsa probablemente reciclable como mandan los cánones, esparcisteis las piernas de la exSpice en primer plano. Me gustan sus tobillos rudos, de jovencita inglesa curtida en horas de discotecas, de virginidad mal perdida oliendo a cerveza. Son tobillos que acaban una pantorrilla corta enfundados en un zapato ortopédico. La moda no es moda si no roza el ridículo.

Después, en un derroche metafórico, la coronasteis con plumas a modo de pavo real, en una foto donde parece flotar en el aire como el muñeco que cualquier taxista desearía colgar en su coche. Le asoma un sujetador que cubre con dificultad un pecho siliconado, una esfera perfecta que cuelga de un escote vigoréxico donde se puede contar cada hueso. Y de nuevo esos pies pequeños, en zapatos extremadamente justos.

Los medios se exaltan, corren ríos de tinta. ¿Por qué se rebaja a semejante humillación? ¿Ha perdido el norte? Quizás Victoria se ha entregado al glamour como la damisela rubia que sacrificaban a King Kong. Es más grande que ella, es más fuerte que ella, pero hay algo en esa monstruosidad que le excita y hará lo que pida con feliz resignación. Nuestra joven heroína de clase obrera ofrece su cuerpo y su alma a los dioses de la moda. Y en un agradecimiento profundo, latente, emprende un viaje sin retorno de la mano del hombre que decidirá nuestros destinos estéticos.

Posh es el polvo confesado inconfensable de un buen amigo mío, cuyo nombre ocultaremos aquí para evitar represalias. Tras un largo debate interno, he llegado a una conclusión. Lo que lo que hace sexy a la exSpice es su obstinación y su generosidad. Hace más de 10 años, Victoria aún tenía mofletes. Con fuerza de voluntad, ha conseguido tragárselos y del mismo modo, ha ido borrando las señales que la hacían humana. Convertida en un Frankenstein moderno, es la perfecta víctima para un exceso amor y se entregará a tu lívido aquí y ahora.

“Sin tacones no puedo pensar” nos dijo hace poco Victoria. ¡Qué epitafio más hermoso para una reina de baile de graduación!

PD_ Dejo para la reflexión, otro derroche de lírica: “Puedes ir hecha un asco, pero si llevas un bolso de 900 € te encuentras fantástica”. Entre unos pechos de silicona y unas gafas de pasta, no hay tanta diferencia. Ambos son símbolos de lo que una persona quiere llegar a ser. Al fin y al cabo, nos construimos desde fuera. ¡Y sí! La frase es de Isabel Coixet.

“ETERNAL FLAME” - JOAN AS POLICE WOMAN

Una auténtica perla… Nos relamemos pensando en su nuevo disco, con un single maravilloso “To be loved”.

http://www.myspace.com/joanaspolicewoman

SINÉAD O’CONNOR EN HAWAII

El jueves 12 de junio, Sinéad O’Connor canta en el Palau de la Música barcelonés. Un público de camisa bien planchada y joyerío de diseño, políticos poetas, señoras que hacen Acqua-gym y jóvenes profesionales, forma una cola estructurada que serpentea por el hall del teatro. Fluye con moderación hacia dos chicos aseados que cortan las entradas. El concierto empezará a las 21h30, puntualísimo, con un respeto inesperado hacia los asistentes, para acabar a la hora y media.

Sinéad O’Connor aparece descalza, con su calva mitológica y una camisa ancha, de camuflaje, que le da un aire de turista en Hawaii. El público aplaude enfebrecido su aparición, se oye incluso algún silbido. Comienza a cantar sin mediar palabra, rasgando una guitarra.

Dentro de Sinéad hay una mujer de mediana edad que por fin ha salido al exterior después de estar encerrada en el cuerpo de una belleza. Quién olvida esos ojos verdes escrutándonos desde hace casi 20 años en “Nothing compares to U”. Teníamos 15 y soñábamos con ser guapos y rebeldes como ella: cuando no te puedes borrar la cara, te rapas la cabeza; cuando no te puedes borrar el acné, te escondes bajo un halo de desprecio hacia la sociedad. Ella era nuestro ídolo porque lo tenía todo y rompía fotos de papas en programas nocturnos estadounidenses.

Esta noche, Sinéad parece una pantera encerrada detrás de 4 barrotes. Ruge con voz suave desde el escenario y los asistentes aplauden 15 segundos después de cada canción, tirándole rosas como quien lanza comida dentro de una jaula. Agradece la ovación con pudor y apenas entabla contacto. Canta sobre ángeles y seguro que confía en que vendrán a salvarla de las fauces de este público hambriento de emoción.

Ella se aparece como una virgen milagrosa ante nuestros ojos y se manifiesta para recordarnos que nosotros también hemos engordado y que ella cobra por hora como tú y como yo. Dios, apiádate de nosotros ahora que nuestras carnes ya no son firmes y que dormimos en hoteles con estrellas como galones en honor a nuestra burguesía.

Llega el momento culminante de la noche, el que pensamos que nunca llegaría y que nos dejará un regusto entre el alivio y la decepción: va a cantar el himno generacional. El público aúlla al oír los primeros acordes, el teatro se viene abajo. Durante la canción, se le escaparán risotadas con las que se defenderá de nuestros rostros extasiados, agradecidos. Pide disculpas por haberse reído rompiendo la solemnidad de nuestro recuerdo. Es su última rebeldía antes de morir de éxito en el circo romano.

En una canción épica, Sinéad O’Connor profetizó: “She likes to listen to rock and roll / She moves with the music / `Cause it never gets old / It’s the only thing / That never gets old”. Y sorbemos este cóctel agridulce que sabe a una vida anterior, mientras vemos como la brisa de Hawaii mece palmeras invisibles alrededor de la cantante.

DE NOCHE SOY OTRA MUJER

ALARMA SOCIAL. Hipercor sanciona a una empleada por llevar pendientes largos. “…pendientes colgantes compuestos de múltiples piezas, de color negro y de gran tamaño (aproximadamente de siete u ocho centímetros)” reza la carta dirigida a la mujer. Nos recorre un escalofrío: la imaginamos encerrada en el lavabo, construyendo un arma recortada a base de pequeños abalorios.

CONDENA. El hecho es considerado muy grave por parte de la empresa, que lo equipara a trabajar bajo los efectos de la droga o el alcohol. Ya se sabe de lo que una mujer es capaz bajo los efectos de la bisutería, que se lo digan a Alaska en los 80. Nos podríamos sentir alocadas y rompedoras, capaces de hacer una caída de ojos a nuestros clientes al otro lado de la barra. Cualquier cosa podría ocurrir.


DECLARACIÓN. De todos es sabido que la estética es una declaración de principios. No hay pendientes inocentes. Para pendientes definitivos, me quedo con las cafeteras de María Barranco en Mujeres Al Borde de un Ataque de nervios.

SANGRE. Antes de ser una mega-vixen, Alaska se rapó las entradas y cantó: “Todo lo hago por salir de la misma rutina, tan aburrida. No lo he entendido. De noche soy otra mujer, voy armada de cabeza a los pies, soy la funcionaria asesina. Ya no me aburro jamás.” Tengan cuidado, caballeros, nada hay más peligroso que una mujer aburrida. La provocación es la única forma de romper la monotonía.

LA NOVIA. La empleada asesina se quita sus pendientes. Son una bomba de relojería en potencia. Después de los pendientes, van las chapas identificativas, después de las chapas, los zapatos… Se suelta el pelo, mirándonos desafiante, blandiendo su bic cristal para tomar nuestro pedido como si empuñara una katana.